Historias Solidario

Cada kilómetro que corro me acerca a mi sueño 

      

 Mi nombre es Lida Chamorro, tengo 38 años y un hijo, Camilo de 15 años. Vivo en Ibarra, trabajo en el Solidario y también soy atleta. Ahora estoy entrenando para el Mundial Master de atletismo en Chile. Uno de mis últimos triunfos fue el 23 y 24 de septiembre en el complejo Los Chasquis de Quito, participé y gané en los 1500, 800 y 400 mts y pude mejorar mi puntaje.

 Entreno casi todos los días, martes y jueves hago repeticiones a las 6am en el Estadio Olímpico de Ibarra, los miércoles troto 8k en la loma de Guayabillas, el viernes un trote suave, los sábados repeticiones y los domingos corro entre 17k a 20k y el lunes descanso.

 A pesar de que existe poco apoyo para los atletas master de parte de la federación, he podido encontrar ayuda en el Banco Solidario, ellos me han ayudado a cumplir mi sueño y hoy me enorgullece decir que parte de la meta ya está cumplida, he calificado entre las primeras de mi categoría para la competencia en Chile representando a Ecuador.  

Hace un tiempo me lesioné en el campeonato interbancario de fútbol, por suerte ya mejoré, creo que estoy en mi mejor nivel y estoy lista para viajar este primero de noviembre. Mi meta en Chile será correr los 800 y 1500 mts y espero poder traer de regreso una medalla para mi país. A ratos me siento nerviosa pero es ahí cuando me digo a mi misma “ Ahí voy a darle con todo”.

 

 

Para mi la clave del éxito es innovar, sacar cosas diferentes y demostrar la calidad

 

Hola, mi nombre es Patricia Toapanta, estoy casada y tengo 2 hijos. Yo estudiaba contabilidad en la universidad pero me enamoré, me casé y formé una familia. Ahí fue cuando decidí entrar en esto de los negocios. Mis papás son comerciantes de camisetas y yo crecí viendo el negocio de cerca, entonces me aventuré y puse mi propio local de pijamería y ya estoy de cumplir 28 años en esto.

La primera vez que conocí al Solidario fue con la tarjeta Cuota Fácil, luego me ayudaron con un pequeño crédito para crecer y ahora ya tengo un taller grande. Cada vez que necesito algo de plata para el negocio, el Solidario me ayuda de una, porque yo siempre les he quedado bien.

Al principio vendía mi mercadería en la calle, se vendía bastante bien, luego de un tiempo y con ayuda del Banco nos pusimos ya un local. Al comienzo nuestros clientes no nos encontraban pero hicimos tarjetitas con la dirección y empezamos a recuperarlos.

Mi esposo me ayudó bastante desde un inicio, él sabe mucho de dibujo técnico y me ayudó a crear los diseños, entre los dos hemos ido creciendo. Este es un negocio familiar; ahora uno de mis hijos, que ya es profesional, también va a entrar al negocio confeccionando ropa para bebés.

Dios me ha dado la salud y la inteligencia para salir adelante, una de las cosas más importantes para triunfar es ser honesto.  Ahora también vendo en Ambato, al principio tuve un puesto pequeño, pero ahora después de hablar con un señor del Solidario, ya pude tener el local que necesitaba.

No hay que dejarse vencer, de todo lo que pasa se aprende y se puede aplicar a la hora de crear y crecer.

Con trabajo y decisión todo se puede

Mi nombre es Andrés Gómez Anchudia, vivo en La Libertad y tengo este local, Heladería Ramona, desde hace casi 4 años. Además de vender helados Topsy, soy distribuidor de cámaras de frío, los entrego a los canillitas y a los tricicleros quienes de paso venden mis helados.

He sacado 6 créditos en el Solidario y me considero un buen cliente. Al principio pedí un crédito en la agencia de Guayaquil pero luego abrieron en La Libertad y eso me facilitó mucho las cosas. Me acerqué al banco con una referencia de que era rápido, como usted sabe en los negocios, el tiempo es oro.

Siempre he tenido negocio propio. No hay cosa más satisfactoria que levantarse a trabajar, ser tu propio jefe y saber que lo estás haciendo para ti y tu familia.

Normalmente trabajo hasta 7 de la noche, pero en temporada y en feriados, se abre hasta las 2 de la mañana. Me gusta atender a la gente, pues siempre entran felices a probar mis helados.

Tengo 3 hijos con mi primera esposa, ahora estoy casado con Ramona Zambrano y con ella hemos sacado adelante el negocio. Mi sueño más grande es seguir creciendo con pie firme.

Lo más lindo es trabajar para uno mismo

Mi nombre es Andrés Gómez Anchudia, vivo en La Libertad y tengo este local, Heladería Ramona, desde hace casi 4 años. Además de vender helados Topsy, soy distribuidor de cámaras de frío, los entrego a los canillitas y a los tricicleros quienes de paso venden mis helados.

He sacado 6 créditos en el Solidario y me considero un buen cliente. Al principio pedí un crédito en la agencia de Guayaquil pero luego abrieron en La Libertad y eso me facilitó mucho las cosas. Me acerqué al banco con una referencia de que era rápido, como usted sabe en los negocios, el tiempo es oro.

Siempre he tenido negocio propio. No hay cosa más satisfactoria que levantarse a trabajar, ser tu propio jefe y saber que lo estás haciendo para ti y tu familia.

Normalmente trabajo hasta 7 de la noche, pero en temporada y en feriados, se abre hasta las 2 de la mañana. Me gusta atender a la gente, pues siempre entran felices a probar mis helados.

Tengo 3 hijos con mi primera esposa, ahora estoy casado con Ramona Zambrano y con ella hemos sacado adelante el negocio. Mi sueño más grande es seguir creciendo con pie firme.

 

Para entrar en el mundo de los negocios, no hay edad.

Mi nombre es Diana Muela, el nombre de mi esposo es Enrique Quintuña y juntos tenemos una pequeña de 6 años, mi Melani.

Soy dueña de un almacén de ropa y una mueblería, comencé mi negocio a los 17 años, ahora tengo 26  y una fábrica en la que me hago “ochos” para sacar todas las obras que me piden día a día. Mi trabajo es movido, mi teléfono y un cuadernito que siempre me acompaña, son mis mejores herramientas a la hora de hacer negocios.

El almacén de ropa es muy importante para mi porque aprendí el negocio de mi madre. Desde pequeña, ella me mandaba a pagar y cobrar en Sangolquí mientras mi papá viajaba a Santo Domingo a vender papas, zanahorias y habas, que nosotros le ayudábamos a enfundar. Así desde chiquita empecé a ganarme mi platita y entender los negocios.

Con ayuda del Solidario pude impulsar mi negocio, en unas fiestas de Machachi, cuando todos querían ropa nueva, me puse pilas y con su ayuda pude comprar todo lo que necesitaba para hacer mi “agosto” y crecer.
El Solidario me trajo mucha suerte, la rapidez con la que me ayudaron fue la clave para tener lo que hoy tengo.

Creo firmemente que la clave para el éxito es pensar siempre positivo, estar atento a las puertas que se abren el camino y nunca olvidarte de lo más importante, la familia.

Mi ilusión siempre fue cuidar a mi familia

Mi nombre es Jorge Riquelme, soy de Catacocha, de la provincia de Loja.
Fue en el año de 1997, cuando aún era soltero, que vine por primera vez a Quito. Después de un tiempo de andar lejos de mi ciudad, regresé, me casé y formé un hogar.

La capital me gustó tanto que volví al poco tiempo con mi familia. Mis hermanos que ya vivían allá me recibieron y me dieron una mano para establecerme.

Al principio fue duro, mi primer trabajo en la capital fue como guardia de seguridad, tenía que trabajar en turnos de 12 horas y a veces hasta de 24. El trabajo era agotador, pero nada importaba porque mi ilusión siempre fue cuidar a mi familia.  

Después de un tiempo, cuando mi primera hija ya estaba más grande, mi esposa empezó a trabajar para darme una mano. Me cambié de trabajo y empecé junto con ella en otra empresa en el área de limpieza. Ya entre los dos pudimos ganar más platita y arrendar un lindo departamento para nuestra familia.

Poco a poco fuimos haciendo nuestro dinerito, la familia creció y llegó un nuevo hijo. Ya éramos más en la casa entonces las necesidades también crecieron, por eso me tocó cambiar de trabajo una vez más y me convertí en estibador en el antiguo aeropuerto.

Con el pasar del tiempo tuve que dejar el trabajo porque estaba lesionándome la espalda de tanto cargar maletas. Mi hija mayor para ese entonces ya estaba involucrada en el mundo de los comerciantes junto con su esposo. Ellos tenían un local en uno de los centros comerciales que construyó el municipio. Viendo su ejemplo, me aventuré y decidí ponerme el mío propio.

Un día conocí al Solidario y con su ayuda por fin pude tener algo propio y comprar mi local dentro del centro comercial. Desde entonces, ellos se han convertido en mi mejor aliado.

Ahora en mi local vendo todo tipo de ropa, me gusta ir directamente a las fábricas para poder ofrecerle a mis clientes mejor producto, más variedad y mejor precio.     

Solo luchando con optimismo se puede salir adelante

Soy Miguel Jinde, nací en la parroquia de Santa Rosa en la provincia de Cotopaxi. Soy artesano del calzado desde los 14 años y ahora un exitoso comerciante.

Desde muy pequeño, mi madre me dijo que tenía que estudiar, superarme y sobre todo aprender un oficio para poder salir adelante. Yo vivía en el campo junto con mi familia, cuando terminé la primaria empecé a ir a un taller de calzado que había a 10 kilómetros de mi casa hasta entender como hacerlos, convertirme en maestro y ganar mi propio dinero.

Antes de ser mayor de edad ya dominaba mi oficio, pero quería seguir estudiando, mis padres no tenían los recursos necesarios, así que me fui a la ciudad de Guayaquil a buscar más oportunidades, trabajaba todo el día y entré a estudiar en las noches para graduarme como técnico en electrónica.

Después de un tiempo regresé a Ambato, me gradué como bachiller en ciencias sociales y me aventuré a viajar a Quito para estudiar derecho en la universidad.
Al principio me dediqué a vender guaipes y vender libros para poder pagar mis estudios, pero debido a la necesidad tuve que dejarlos y como dicen por ahí: “zapatero a tu zapato”, regresé a mi primer oficio y me dediqué por completo.

Empecé trabajando como obrero en una fábrica de calzado. Al principio no me entregaron la confianza por ser muy joven pero a poco me la gané y me convertí en vendedor. Trabajé desde las 2 de la mañana hasta las 11 de la mañana durante algún tiempo y me terminé convirtiéndome en su vendedor favorito.

Con el pasar del tiempo comencé a trabajar por mi cuenta con un puesto de venta en el antiguo Ipiales. Poco a poco me destaqué hasta ser uno de los líderes del sector, incluso formé organizaciones sociales para ayudar a las personas que necesitan tanto apoyo como el que yo necesité algún día.

Como todo comerciante necesitaba dinero para crecer el negocio pero nadie me quería prestar, solo los chulqueros, por suerte toqué las puertas del Solidario.
Ellos fueron los únicos que confiaron en nosotros, los comerciantes minoristas. Durante años nos han financiado para adquirir mercadería, una casita para nuestras familias y locales para nuestros negocios.

Ahora toda la familia hace parte del negocio, mi esposa me ayuda en cada paso que doy, mis hijos desde muy pequeños se hicieron expertos vendedores y hoy por hoy ya se están graduando.

Después de años en este negocio, sé que todo lo que tengo y he vivido, es gracias a la constancia, el esfuerzo y el trabajo.

Solidario dona filtros para purificar el agua en los albergues

Han pasado más de 100 días del terremoto y muchas personas siguen acampando en la incomodidad e inseguridad de estos albergues temporales.

Entre otras acciones, el Solidario decidió apoyar con lo que consideró vital para la vida: el agua limpia. Entrega filtros purificadores de agua y baldes a los albergues y a los clientes más afectados por el terremoto. Son producidos por la iniciativa Waves for Water (W4W), y pueden proveer agua pura por 5 años para 100 personas. Con buen mantenimiento llegan a purificar hasta 4 millones de litros de agua.

La líder de Parque Cayambe es Carmen Sáenz, quien recibió los baldes y los filtros de purificación de agua, y los asignó a distintas áreas de este albergue de 80 familias.

En Los Tamarindos, un albergue privado, el orden y la cooperación son su característica. Allí viven 180 familias que debieron evacuar los edificios donde tenían sus departamentos y se instalaron en el parque de enfrente. Uno de sus coordinadores, John Intriago, señala: “Lo que hace el Solidario es magnífico, es lo que necesitamos porque hay una epidemia y no sabemos que es. Tiene origen en la mala calidad del agua que tomamos”.

El proyecto W4W nació en Sumatra, donde el estadounidense Jon Rose buscaba buenas olas para surfear. Entonces hubo un terremoto y la ciudad de Padang fue destruida. Él comprobó que el mayor problema en esa tragedia era la falta de agua para beber. Entregó 10 filtros de agua y fue la primera misión de W4W. En la actualidad trabaja por todo el mundo y tiene cientos de socios estratégicos y miembros aportantes.

Ocho albergues más recibieron de manos de los asesores voluntarios del Solidario estos implementos de última tecnología.

Catherine Guillén de Los Tamarindos quien está embarazada, teme dar a luz en el albergue. Ella ofreció buscar en el internet sobre W4W y ayudar a mantener limpios los filtros.

Elvia Moreira cuando vio los baldes con su respectivo filtro dijo con una sonrisa: “¿Cuál es el mío? Soy cliente del Solidario y debo recibir uno solo para mí”. La realidad es que cada balde servirá a 25 familias.

Eugenio Pico, un abuelo de 18 nietos mira con interés la instalación del filtro. Comenta que no podía levantarse el rato del terremoto. “Las piernas no me respondían. Luego vinieron a sacarme. Van a demoler mi casa. Aquí estamos tranquilos hasta tener de nuevo nuestra casa.”

“Estar aquí nos ha permitido conocernos entre vecinos, algo que no sucedía antes” –dicen dos vecinas de Portoviejo. Agradecen al Solidario por los filtros que quedan instalados en la cocina del albergue.

La obra concluye por este día. Pronto se entregarán 70 unidades más, y el Solidario podrá decir con convicción que es Guardián del Agua.

Las empanadas de morocho de la Ulloa

 

Te invitamos a visitar las empanadas de morocho de la Ulloa.

Un lugar lleno de sabor y tradición, atendido por su propietaria, Doña Alicia Quinteros, una mujer luchadora y encantadora que te hace sentir como en casa cuando visitas su local.

Visítalas en La Gasca, en Lizarazu N25-25 y Munive. ¡No te lo puedes perder! (etiqueta del local: https://www.facebook.com/EmpanadasdeMorocho.Ulloa/?fref=ts)

 

 

 

Para mi, lo primero es el amor a Dios

Yo soy de la provincia de Cotopaxi, y vine acá a Quito a los 9 años -un poquito más- porque mi familia no tenía para la comida. Acá vivía donde la familia Jarrín, hasta que me casé y ahí salí, el 30 de diciembre son ya 19 años.

Yo pensaba en tener un montón de hijos, pero solo tuve una, es lo más grande. Yo puse una tienda primero, vendía legumbre, no funcionó; pedí un préstamo, pero después tuve que sacar a un chulquero para poner un local de comida, pero luego igual me quedé sin nada por unos problemas que tuve con el papá de mi hija… quedé en cero, peor que antes.

Lo que me impulsó para seguir adelante fue por mi misma y para mi hija, para demostrarle a ella que uno sí puede avanzar, sin importar lo que pase. Ella estudia en dos lados, en la mañana estudia en la escuela y en la tarde estudia música en el Conservatorio Nacional de Música, ya está 5 años, va para 6, estudia trompeta y como complemento piano y un poquito de contrabajo. También tiene talento para cantar.

Con mucho esfuerzo, ahora tengo un local de comidas. Con los primeros préstamos compré una tele para entretener a los clientes, después me compré un mounstro de cocina de las mismas que usan en los hoteles grandes. Si me endeudé para sacar todas las cositas, es porque después se van pagando solitas.

Lo más lindo es poder ver que mi hija puede hacer muchas cosas que yo no pude hacer, hasta tuve el gusto de llevarla a Suiza una vez. Yo le enseño muchas cosas a ella, para que el día de mañana sea independiente y no tenga que depender de nadie. Que ella se pueda mantener sola, que no sea humillada, que tenga una mejor vida que la mía.

Para que vean, les voy a contar algo tan bonito que me pasó, y como un susto a la vez. A mi me habían detectado cáncer y un día, hace unos dos o tres meses, vinieron tres niños a mi local que estaba llenito. Uno de ellos me dice “solo tenemos $1,50 ¿nos puede acomodar?” fui a la cocina y le dije a Javi -un chico que trabaja ahí- “Javi, póngame bastante comida, son niños” y es que no pude dejar de pensar en mi hija. Y así, se sentaron y comieron los tres. El del medio –era un gatito suco suco- me da el $1,50 y me dice “¿me puede dar más arrocito?” y le dije que claro, fui y le dije a Javi que me ponga un plato sopero de arroz con bastante juguito de pollo, le llevé a los niños y me dieron las gracias. Después, el mediano me cogió la mano, me la sobó y me dijo “dicen que tiene cáncer, pero no tiene, está sanita, Dios le ha curado” y se fue… El día siguiente me fui a Solca, me hice los exámenes y ya no tenía nada, y yo tengo los exámenes donde decía que sí tenía antes.

Para mi, lo primero es el amor a Dios, si uno tiene a Dios, lo tiene todo… a mi hija le enseño que sea justa y luche por seguir siempre adelante.

Sonreir con el alma

Soy Mariela Vaca Bedoya, y escribí esta reseña después de un día de voluntariado con Operación Sonrisa:

SONREÍR CON EL ALMA

El día comenzó un poco frío, pero poco a poco se fue calentando, así que tempranito me preparé de la mejor manera y cargué mi maleta con buenas energías: las necesito hoy –me dije, iré a Operación Sonrisa en el hospital del IESS de Carcelén.

Al llegar encontré doctores apurados, concentrados en su trabajo; mamitas y papitos desvelados evidentemente ansiosos; muchos niños, niñas, bebés; y un numeroso grupo de voluntarios unos más expertos que otros, pero todos con buena predisposición para servir al prójimo.

El tiempo pasa súper rápido para quien ayuda. Me encargué de la preparación de los niños para la operación e informar a los papitos de lo que sucedería en las siguientes horas. Una buena conversación siempre contribuye en la espera, conocer de dónde vienen, la fe que le tienen a esta fundación, como ha cambiado sus vidas. Hay caritas inolvidables como la del inquieto Bryan de cuatro años. Esta era su quinta operación; o la de Kiara de cuatro meses por primera vez en un quirófano. Sin duda mi parte favorita de la mañana fue entretener a los chiquitines mientras esperábamos su turno.

Terminé mi jornada, y no pude irme sin preguntar por los niños que ya entraron, sin el abrazo a las mamitas que conocí y que son un ejemplo de amor y entrega a la causa: “sus hijos”. Me despedí con mi mejor sonrisa.

Gracias por permitirme dibujar esa sonrisa el día de hoy. Invito a cada uno a atreverse a ser voluntario. Existen muchos fines benéficos o altruistas, más sin embargo, qué mayor fin se puede buscar que ese sentimiento gratificante de ver la sonrisa dibujada en la carita de un angelito solo por brindarle unas escasas horas de tu tiempo.

Definitivamente hoy ellos me dieron mucho más de lo entregue yo. ¡Me dieron un momento de felicidad!

La constancia y el esfuerzo es para mí lo más bonito

Cuando uno se aleja de la familia de uno sí es un poco difícil, pero ya uno se acostumbra, uno tiene que adaptarse a todo en esta vida. Yo soy de Quinindé, en la provincia de Esmeraldas y ahora vivo en Quito.

Primero estudié en Mindo, después me fui a Guayaquil -la mayoría de mi familia es allá- y de ahí me vine acá y conocí a mi esposo, ;él es de aquí. Tenemos 2 hijos, la niña tiene 12 años y el otro 5 añitos. Quiero que los dos sean profesionales, porque así como yo estudié, voy a sacrificarme para que ellos también lo logren, ese es el objetivo de los papás, que sus hijos progresen.

El negocio de lavar autos lo empezamos mi hermano y yo. Yo no sabía ni lavar ni aspirar un carro: nada, nada… él tampoco sabía nada de esto, pero un amigo le dijo “por acá no hay nada” porque solo había una vulcanizadora cerca, así que había una oportunidad para hacer negocio.

No teníamos ni aspiradora, estábamos así hasta comenzar, lo primero sí fue difícil.
Después ya vino un chico a trabajar acá, él sí tenía experiencia y fuimos aprendiendo de él, poco a poco. Igual, los primeros 3 meses entraba un carro, otro carro, pero poquito nomás. De ahí hicimos un crédito y así si fuimos comprando la máquina, los productos. De ahí sí nos fue bien con el tiempo. Después de unos 5 años, ya compramos el terreno propio… sí, sí nos va bien.

La constancia y el esfuerzo son lo primero, así se empieza y así lo hicimos. ¡Ya el negocio tiene 12 años!

Mi negocio es para mí lo más bonito

Mi día es de 7am a 8pm. Mi negocio es para mí lo más bonito: vendo zapatos de mujer, vienen de Cuenca, Gualaceo, Chordeleg. Antes viajábamos dos veces al año a comprar, ahora ellos me envían. Se pide lo que más sale.

Comencé con un local y ahora tengo 4 en el centro comercial El Tejar. Dos propios y dos arrendados, pero créanme que eso es el resultado de mucho trabajo y esfuerzo. Siempre comparto con mis vecinos de otros locales. Estoy en la directiva, hacemos labor comunitaria, vemos que todo esté bien en el centro comercial, que todos vendan, que esté iluminado y con seguridad.

Además del trabajo, la familia es lo más importante. Tengo un hijo, Alex, de 17 años. Va al colegio en la tarde y es muy aplicado, él mismo se preocupa y se desenvuelve. Le digo siempre: ‘estudia porque el estudio es lo que te va a servir para tu vida, lo material se acaba’.

 

 

 

Todo requiere esfuerzo y corazón

Mi esposo, Enrique Guerrero, y yo trabajabamos en empresas privadas, entonces se dio la compra del local en el Centro Comercial El Tejar y la pregunta que nos hicimos fue: ¿quién se dedica a la venta, tú o yo? Enrique decidió salir. Yo le respaldaba en el pago de los gastos fijos. Fue positivo convertirse en emprendedores, pero todo tiene su dificultad: hay que abrir todos los días y pagar salarios cada mes se gane o no se gane.

Al crecer la empresa, dejé mi trabajo y ahora nos turnamos, aunque en los fines de semana estamos juntos porque hay más clientes y también delincuentes. Los jeans vienen de Colombia y Perú. El local es grande pues son dos en uno.

Nuestra hija Jessica vive en Bahía donde estudia biología marina. Me da satisfacción de que ella elija lo que le guste. Es protectora de la naturaleza. El papá sufrió más cuando se fue porque es cómplice de ella; la que la controlaba era yo.

El Solidario ha sido nuestro respaldo desde hace 9 años. En los momentos difíciles hemos tenido el apoyo del banco. Son súper rápidos, no nos piden sino documentos personales, impuesto predial, matrícula del carro. Cuando me entregan el formulario me dicen: cumplan sus pagos, vea que se invierta bien el dinero. Me explican la cuota, hablan de los seguros. Tenemos dos, de desgravamen y de daños. Siempre estamos conscientes de que hay riesgo de incendio. Hemos pensado en asegurar la mercadería contra robo.

No solo es que creyeron en mí, sino que yo creo en ellos

Tengo tres hijos: Vanessa de 23 años, Santiago de 18 y Pablo Javier de 16. Yo les pude disfrutar a mis hijos, juego con ellos. Cuando eran pequeños, no les daba dinero para llevar al colegio sino que les iba a dejar el morocho en el recreo. Ellos decían: "papi ya no vengas, danos el dinero como a mis amigos." Pero ahora reconocen que les alimenté bien. También era el presidente de sus grados en la escuela por ser hablador y opinar, pero era feliz porque estaba con ellos.

Comencé con mi esposa, Graciela Molina -tan bella- nos iniciamos de la nada, con un millón de sucres, o sea sonaba a que era millonario, pero no era nada.

Graciela vendía medias y ropa interior en el Mercado. Yo trabajaba en las minas de Nambija. Abrí hace 20 años el local de zapatos deportivos y hace 15 partí para España mientras mi esposa lideraba la familia. Si me quedaba en Ecuador, este rato no tenía nada.

Graciela es muy ahorradora. Las mujeres son luchadoras, hacen de papá y mamá sin problema. Si uno es inteligente, le da las ganancias a la esposa, porque ella sabe economizar.

Llegué al Solidario hace 5 años por un amigo que trabajaba en el Banco. "Yo te conozco", -me dijo él- "anda para darte un crédito."

En el Solidario no solo es que ellos creyeron en mí, sino que yo creo en ellos.

Siempre vas a poder salir adelante, un pasito a la vez

Mi nombre es Omar Quimi, manaba de nacimiento, mecánico de motos en Guayaquil desde hace 17 años y un luchador de la vida.

Hace 14 años, pensé que todo estaba perdido y no por pesimista, es que se me juntó todo lo malo. Un triste accidente se llevó mi pierna izquierda y la derecha de mi papá también; pero eso no es todo… en la sala de emergencias se les pasó la anestesia y terminé 22 días en coma. Pero, saben qué, yo no me rindo, apenas me pude levantar prometí que lo iba a intentar, que no me iba a quedar estancado y no solo por mi, también por mi esposa pero sobre todo por mi hija pequeñita que necesita cuidados especiales, porque algo no se le desarrolló bien en el cerebro cuando estaba en la barriga de la mamá… aunque gracias a Dios, ahora ya va al colegio y hace la vida normal, pero igual hay que estar siempre pendiente.

Pero mi Dios no cierra una ventana sin abrir una puerta, así que ahora estoy por estrenar una prótesis que me va a permitir volver a caminar, los doctores me explicaron que era todo un cambio de vida, una preparación, y todos estos meses hemos estado entre moldes, vendas y recuperaciones… Hace unos días me llamaron de la Fundación para avisarme que estaba lista mi pierna, ah y por si acaso no es cualquier prótesis, es una pierna moderna toda de titanio a lo Robocop! Me dijeron que me fuera a Quito a recibirla, porque me iban enseñar a usarla y cuando di mis primeros pasos es como si hubiera tocado el cielo, pero les confieso que todavía me da un poquito de miedo el tema de las escaleras, aunque nada se compara a hacer realidad el sueño mío y de mi esposa volver a caminar juntos por la vida.

La cosas no siempre son como tu quieres, pero si luchas con fe, siempre vas a poder salir adelante… un pasito a la vez.

¡A mí me hace reir todo!

Soy la quinta de once hermanos, por eso soy así, ¡de empuje! Hago vestidos para la Virgencita del Cisne, que es milagrosa. Vendo medallas, rosarios, santos, crucifijos. Tengo 2 empleados, pero todos trabajamos.

Mi esposo es Fabricio Macías y tengo 3 hijos, Eduardo de 24 años, Dalila de 11 y Fabricio de 9.

Hace 12 años me enteré que el Banco Solidario estaba en Loja. Como necesitaba un préstamo para crecer, me fui y hablé con José Luis, un asesor. Él vino y me hizo la inspección y al cuarto día ya me dieron el dinero. Esa vez utilicé el crédito para materiales de los vestidos.

El Solidario siempre está pendiente de cómo ayudarnos a crecer, nos ilumina las ideas…

Cuando era niña me gustaba jugar “allacito” en el parque. Mi mami tenía un salón y yo aprendí a trabajar desde su vientre! Mis mejores momentos son cuando me comunico con mis amigas, también cuando juego basket. A mí me hace reír todo, yo no quiero ser una viejita amargada.

Yo creo en Dios, y así aconsejo a la gente: que nunca se olvide de Dios, que vaya cogidito de la mano de Dios, aunque Él nos pruebe en esta vida para que cambiemos en algo que no estamos bien. De los problemas se aprende.

Para mí hacer lo correcto es tener gran responsabilidad en los quehaceres que nos encomiendan. Nos dedicamos a las cosas materiales, al dios dinero. Pero solo cuando uno se acerca a Dios encuentra la paz.

En agosto que es la procesión de la Virgen, trabajo aquí de lunes a domingo. Mis hijos pasan con mi esposo en Loja. Él es un buen marido, es maduro, valora lo que es tener una familia, ¡tenerme a mí!

Mi sueño es comprarme un carro solo mío para viajar a Loja. Quisiera conocer Italia y Nueva York. También sueño con vivir en familia con respeto y amor.

Ayudo a mis padres, me gusta colaborar en las misas, visitar enfermos y pobres.

Sobre la libertad, pienso que Dios nos quiere libres en todo sentido.

"Yo creo en la gente, me hace feliz ver a un cliente satisfecho"

Buenos días, mi nombre es Margarita Vintimilla y hoy les comparto la historia de cómo mi esposo y yo alcanzamos el éxito.

Empezamos vendiendo almuerzos a domicilio para las empresas y les admito que era un trabajo demasiado sacrificado. Como siempre buscábamos la forma de salir adelante, un día nos acercamos al Solidario a pedir un crédito y el asesor que nos atendió nos explicó que teníamos que tener un local propio, pero igual buscó la forma de ayudarnos y me preguntó: “¿no tiene joyas?”… ahí me volvió la esperanza, porque sí tenía unas que me habían regalado mi esposo y mis padres, entonces pensé “más lo que corren peligro en la casa” y saqué un crédito de $500.

Ahí me di cuenta de que el crédito es un amigo, una ayuda, es plata líquida para capital de trabajo.

En el 2000, un familiar cuencano abrió las heladerías Nice Cream en las ciudades donde podía pegar el negocio de helados. Unos años después, iba a cerrar el local de Salinas porque se le hacía difícil manejarlo de lejos, así que yo y mi esposo le propusimos que nos deje un mes a cargo del negocio para hacer la prueba. Le metimos todas las ganas ¡y ya vamos 5 años!

Los mejores clientes son los estudiantes. En Salinas el mercado es pequeño, hay tres heladerías, pero lo bueno es que en temporada llegan unos 150 000 turistas, cuencanos sobre todo.

El mejor consejo que les doy a mis hijos es trabajar en lo que a uno le gusta. Mi hija mayor es arquitecta y los dos menores, Henry y Diana, me ayudan en la heladería cuando no están en el colegio, así aprenden el negocio desde pequeños.

Yo creo en la gente, me hace feliz ver a un cliente satisfecho. En mis momentos libres voy a la peluquería y a hacerme unos masajes.

Mi sueño es que Dios me permita ver a mis nietos grandes.

"Estoy agradecido de todo lo que me ha dado la vida"

Mucho gusto, mi nombre es José Vicente, pero todos me dicen “Don Viche” y mi trabajo es la producción de leche para mi comunidad de Paquiestancia.

Les cuento que mi día empieza a las 4 de la mañana que salgo a ordeñar las vacas, que ahora son 28 y son como una gran familia… todas son como perritos grandes que hasta responden al nombre! mi favorita es La Fortuna… Como son tantas, recién a las 6:30 cierro el tanque, bajo a la comunidad a entregar la leche y de ahí si a desayunar harto, como vaca mismo jejeje.

En esto empecé desde ya hace unos 18 años y por suerte, desde el comienzo tuve el apoyo de un banco, de mi Solidario, que sí creyó en mi y en mis sueños… hasta me ayudó con el seguro cuando se me incendió la casa y no solo la recuperé sino que hasta aproveché para mejorarla.

Estoy agradecido de todo lo que me ha dado la vida y por eso siempre le deseo lo mejor a todos los que conozco y a los que no también. Mucho gusto!

 

 

"No desmayes, sigue adelante"

Me presento, soy Tomás Galarza, tengo 43 años y dos hijos: Zuley de 23 años y José de 15. Trabajo desde muy jovencito con mi esposa Rosa haciendo sandalias de mujer, desde el número 27 para niña de 5 años, hasta el 40.

Al comienzo fue bastante complicado… imagínate, recién casado con mi Rosita y mi primera hija en camino. Yo fabricaba dos docenas de pares al día y Rosa salía a vender. A Dios gracias, todo ese esfuerzo dio frutos, pedimos un préstamo para ampliar el negocio, nos empezó a ir cada vez mejor y ya hasta nos faltaban manos para producir esas cantidades, así que contratamos a nuestro primer trabajador.

Después de un tiempo, nos pudimos comprar un solar con una casita de caña y ahí hicimos nuestro hogar.

Un día nos acercamos al Solidario y ahí conocimos a Jorge Pacheco que más que asesor, fue el ángel que desde el 2007 nos ayudó con los microcréditos que necesitábamos para seguir adelante. Empezamos con el primero de $4000 y ya vamos 9 créditos, cada vez más grandes y todos nos han servido para hacer realidad la casa, el carro y más que nada, ¡el negocio!

Ahora ya tenemos 6 empleados, local propio y distribuimos nuestras sandalias por toda la costa ecuatoriana. No le temo a viajar. Yo visito el Ecuador… por donde quiera se vende mi producto.

"No desmayes, sigue adelante", fue el mejor consejo que he recibido, por eso con esfuerzo y con la Institución que creyó siempre en nosotros, hemos cumplido nuestros sueño.

Dios y el taller nos han dado todo. Empecé en bici y vea: ahora ando en este carrazo.

"Creo en Dios, en la libertad y en la educación..."

Les saluda Clarita Moncayo, y tengo una historia para compartirles.

Soy profesora en un jardín de infantes y tengo a mi cargo un grupo de pequeñitos. También tengo dos hijas María Emilia de 11 años y María Augusta de 7, y las dos fueron alumnas mías.

A mis niños trato de enseñarles a amar y respetar el planeta. La naturaleza es donde está todo lo nuestro, si la destruimos, perdemos todo. Yo no he viajado mucho, casi no he salido de Machachi, pero quiero que todavía tengamos un mundo maravilloso para cuando me pueda dar el tiempo de recorrerlo, empezando por mi Ecuador.

Siempre supe que mi vocación era ayudar a los demás, ya sea dando un abrazo u organizando uno de los famosos “chanchos solidarios” para socorrer a alguien con problemas económicos.

Creo en Dios, en la libertad y en la educación… no tengo bienes materiales para dejarle a mis hijas, pero mi sueño es verlas convertidas en mujeres profesionales y claro que lo voy a lograr.

Algunos de los que fueron mis alumnos ya son grandes y ahora me traen a sus hijos al jardín, y cuando me ven dicen que los años no me pasan. Es verdad, porque las profesoras por más responsabilidad que tengamos, nos conservamos bien. Debe ser por la energía que nos contagian nuestros pequeñitos.

 

 

Reciclo botellas plásticas y salvo perros

Soy Johanna Vega, colaboradora del Solidario, y amo a los animales. Con mi familia rescatamos perros y les encontramos casa; llevamos cerca de 15 ya con hogar, pero la tarea es difícil. Así que me propuse recoger botellas plásticas en mi trabajo, o las consigo de amigos que me quieren apoyar. Entrego las botellas a un par de fundaciones de rescate animal, el PAE y RUNA.

Tengo perros apadrinados en el PAE y los visito los fines de semana. La actividad consiste en sacarlos a pasear, jugar con ellos, llevarles comida. Además de eso, doy un aporte económico.
La gente me pregunta que por qué lo hago. Saben, es que tengo un cachorro adoptado, se llama Felipe, siempre he sido amiga de los animales, pero el hecho de vivir en una suite me restringió el tener uno; no obstante cuando el Felipe apareció en mi vida todo cambió, es mi compañero de vida y tenerlo cerca me ha vuelto mucho más cercana a la realidad de los animales abandonados, sobre todo los perros.

Se me parte el corazón solo de pensar que hay perros como él que mueren sin jamás haber conocido el calor de un hogar, por eso junto con mi papá y mi hermana logramos rescatar los que podemos, los tenemos en casa de ella por el espacio físico y con suerte les ubicamos un hogar.

Las fundaciones ya no dan abasto para tenerlos ahí, así que los rescatistas deben quedarse con los animales y encontrarles hogar por su cuenta.

La respuesta de la gente para con los perros abandonados y el reciclaje de botellas me han impulsado a pensar que todo apoyo que pueda dar para hacer del planeta un mejor lugar para vivir, lo haré con gusto.

Mi padre me llevaba a las montañas

Soy Enrique Castillo, trabajo en el Solidario, agencia Cuenca. Soy Guardián del Agua porque necesitamos crear conciencia de que este recurso debe ser sostenible en el tiempo y el momento adecuado para asegurarnos de eso es HOY.
Cumplo con la misión de proteger el ambiente utilizando las cantidades necesarias de agua en el día a día, y enseñando a las personas que me rodean sobre el uso correcto de la misma.


EL DETONANTE: Mi padre me llevaba a las montañas desde que tenía 6 años… desde entonces ha estado presente este deseo de proteger la naturaleza. Soy un amante de los deportes al aire libre como la bici de montaña, hacer senderismo en El Cajas donde hay más de 250 lagunas.


ACCIONES QUE REALIZO: Cuando vamos de pesca siempre llevábamos un millar de alevines para sembrar en las lagunas que visitamos. En mi época de colegio teníamos un comité de reforestación. Y por supuesto, en casa clasificamos los desechos.


He adoptado árboles con mi hijo de 7 años, esto nos ha inculcado el gusto por los Bonsáis. Cultivamos más de 20 arbolitos en casa.


PIENSO CAMBIAR MI ESTILO DE VIDA ACTUAL: Me encantaría venir en bicicleta al trabajo, pero por el momento por mis hijos pequeños no lo puedo hacer…
PROPÓSITOS PARA LOGRAR CERO IMPACTO:

  1. Reducir al máximo todo tipo de desperdicio que dañe los recursos naturales
  2. Recolectar agua para regar mis plantas en casa
  3. Encontrar un mecanismo natural para evitar brotes de insectos

Una mirada te lo dice todo

Soy Fabián Vélez, trabajo en Guayaquil en la agencia Junín del Solidario desde el 2012. Estoy a cargo de la seguridad de la regional 2.

Tres días después del terremoto me encomendaron la misión de llevar a dos ingenieros a revisar la estructura física de las oficinas ubicadas en la zona del desastre, y a proveer de agua, víveres y medicinas a los colaboradores.

Salimos a las 2 de la mañana en un 4x4 llevando lo recolectado por el personal del Banco de todo el país y sus directivos, para los compañeros de Portoviejo, que según sabíamos era la ciudad más afectada. La consigna era entregar todo en la casa de José Luis Bravo, gerente regional, que se convertiría en el centro de acopio temporal de todas las donaciones del Solidario.

Pasamos primero por Chone, y se validó la estructura de la oficina. Nos recibieron los funcionarios Verónica Vélez y Jorge Aizprua, quienes nos pidieron agua ya que según dijeron, estaban desabastecidos. Por Chone también había pasado el sismo… eso se podía ver en su mirada.

Dejando parte de las vituallas en sus manos, continuamos nuestro camino hasta llegar a Manta. Allí, Mery Álava, gerente de agencia, nos narró sumamente angustiada las escenas que había vivido la noche del sábado y los días siguientes. Ver a Mery así nos impactó mucho, pues es una persona muy tranquila y positiva.

Los ingenieros revisaron los edificios del Banco. Manta Centro tiene afectación mínima; y Manta Tarqui, la zona más arrasada de la ciudad, tiene daños externos que hay que reforzar pero por dentro la construcción está segura.

Partimos sin antes dejar allí parte de nuestro cargamento.

Llegar a Portoviejo y ver los alrededores de nuestras oficinas, Centro y Olmedo, fue doloroso. Todo estaba devastado.

Afortunadamente, en las agencias no hay daño estructural, según verificaron los ingenieros.

No era ni el medio día y ya estábamos agotados, pero queríamos terminar la labor en una sola jornada. El olor de los muertos se te pega en la ropa. Llevamos alcohol y mascarillas para lograr nuestra misión, pero ni eso cubría el olor.

Manteníamos silencio sin poder hablar de nuestras impresiones. Cada uno pensaba que lo emotivo nos estaba golpeando. No eran los edificios devastados ni el calor, ni el madrugón. Era ver la mirada de las personas que te pedían algo que no les podías dar.

Solo una mirada te dice todo: desolación y sufrimiento.

Al final pudimos dejar en la casa de José Luis el cargamento encomendado con la satisfacción del deber cumplido. Nos recibió Henry Macías que lidera los procesos de las oficinas. Entendimos la gran necesidad que están pasando porque se veían filas de más de 500 personas para recibir agua o algo de comida. Los militares y otras personas anotaban los nombres a mano para impedir los abusos.

El viaje de ida había sido rápido ya que a vehículos y caravanas cargados les dan prioridad y no pagan peaje. En cambio el regreso fue lento y largo. ¿Sería el cansancio y la gana de alejarse de esa terrible situación?

Siempre puedes aprender

Siempre he creído que cuando las cosas tienen que pasar ¡pasan! y les voy a demostrar que es así. A mi esposa la conocí cuando teníamos unos 16 o 17 años, pero como amigos nomás; de ahí entramos en la universidad y cada uno cogió su camino. Pero como el destino trabaja calladito pero seguro, en el 2008 nos volvimos a encontrar y ahí nació ese bichito del amor que nos tiene juntos hasta hoy. Y mira nomás, ya tenemos dos nenas, la primera de 5 y la chiquita que tiene 2. Son dos milagros hermosos, pero creo que nos vamos a quedar por ahí nomás, porque los dos trabajamos y no hay tiempo para otro milagrito más.

Con cada una tengo una historia diferente, porque con la primera tenía pico y placa. 4 y media de la tarde salí volando de la casa a la clínica ¡y ni me acordé!

Mi enana, la última, nació en 24 de diciembre por la mañana, ni pensábamos que iba a nacer ese día y fue el mejor regalo de Navidad.
Por suerte pude estar en el parto de las dos, la primera vez estaba nerviosísimo, pero con la segunda uno ya coge experiencia.

Los números son mi pasión, me gustan los números y los impuestos…
Siempre digo que un departamento financiero es el mejor lugar para trabajar, porque aprendes de todo y tratas con todos. El va y viene del día a día te permite conocer más, porque siempre puedes aprender de tus errores y ser mejor.

Lo que más quiero en esta vida es ver a mis hijitas crecer, eso es lo que más le pido a Dios, que me tenga con vida para verles crecer a ellas… son lo más fuerte que tengo.

¡Hola! Soy Cecilia y creo que la actitud positiva y la felicidad que tenemos y podemos dar mueven esta vida.

Desde pequeña soñaba con hablar varios idiomas y por suerte estudié en el Colegio Americano y empecé a trabajar apenas me gradué en un institución financiera, ya son 35 años de esto y me encanta mi trabajo.

Yo disfruto montones en la playa y una vez que fui de vacaciones, conocí a Luis Fernando, que ahora es mi esposo. Cuando me preguntó que dónde vivía, le dije, y él creyó que le estaba tomando el pelo porque ¡él vivía en frente de mi casa!. Yo nunca le había visto, pero así es el destino.

Un día me fue a visitar, metió la mano para timbrar y mi perro le sacó un pedazo de la chompa. Cuando me fue a visitar un tiempo después, me acuerdo que le dije: “qué bonito ese chaleco”, “¿Sí? ¿Le gusta?”, me dijo él, “porque antes era chompa, antes de que su perro me la coja”. Todavía nos reímos de esa anécdota.

Estamos por cumplir 28 años de casados. El tiempo ha pasado rapidísimo, tenemos dos hijos: mi querida hija mayor, Cristina de 25 años que ya es Arquitecta Interiorista y mi Ricki, el menor, que sigue estudiando en la universidad; él es el otro pedazo de mi vida. Somos una familia unida, los fines de semana salimos y compartimos, a veces caminamos, hacemos ejercicios, nos encanta la naturaleza y el campo; montamos bicicleta, a mi esposo le gusta trotar y a mí jugar vóley. Hay un sitio que frecuentamos, queda en la provincia del Guayas, tiene un nombre chistoso es: Naranjapata. Está lleno de tranquilidad, tienen unos paisajes naturales preciosos, el río, las cascadas, el verde que se huele, el aire puro, Naranjapata me trae lindos recuerdos.

Pienso que la actitud que tengamos frente a cualquier situación de la vida, hace la diferencia, sea en el trabajo o con la familia. Siempre hay que enfocarse en el lado positivo, si algo me sale mal, reflexiono y tomo lo mejor para crecer y aprender. Eso es lo que le he inculcado a mis hijos: que si tienen algún tropiezo, que sea para aprender, no para que caigan. Siempre tienen que seguir adelante con todo lo que se han propuesto en la vida, pero lo primero es tener un corazón limpio.

Yo creo que la parte humana es importante en la vida, va más allá del éxito profesional o económico; ser bueno con las personas, poder ayudar a alguien si lo necesita; ser honesto y sincero. En definitiva una persona con valores siempre.

Soy muy responsable con mi trabajo, me gusta mucho lo que hago, siempre pongo lo mejor de mi y si hay que hacer un esfuerzo extra, no hay ningún problema. Tampoco soy de las personas que se oponen a los cambios, si hay que hacer algo y es por mejorar, pues ¡adelante!

Un genio mecánico

Soy Marco Escola, tengo 31 años y amo la mecánica automotriz de carrera. Mi mamá, María Alvear, colaboradora del Solidario, dice que desde pequeño tenía pasión por los autos y la mecánica; que era un genio en armar y desarmar piezas, y también en crear nuevas. A veces me escondía mis carritos para que terminara los deberes.

Hace 5 años comencé a trabajar en mecánica y entré a un equipo de Rally, eso es lo que me fascina. Estar de abasto y mecánico te pone en ‘modo carrera’: se corrigen defectos, se tanquea, se cambia llantas… yo disfruto de todo. Cuando haces las cosas con cariño, los resultados siempre llegan: ganamos en la Vuelta al Ecuador, en el Campeonato Nacional y en otras pruebas. El piloto es Juan Carlos Paredes, alias Zazá, y Daniel Gordillo va de copiloto.

Durante las pruebas de Habilidades Mecánicas quedé 5to al principio… ‘no es el momento’, me dije. Volví a clasificar y quedé 4to, eso me llevó a Panamá. Me dio pena dejar mis carros pero me fui nomás, como yo digo, ‘en modo híbrido’ es decir listo para todo. Superé el test en Panamá y gané.

Finalmente, en las Olimpiadas de Habilidades Mecánicas, recibí el premio Habilidades Superiores.

El reconocimiento lo recibí en Corea, pero para llegar allá tuve que vivir la aventura. Para ese país no se necesita visa, pero debía viajar por EEUU y esa me la negaron. Yo ya tenía visto irme por Europa, hasta para conocer. Fui por París a Seoul, once horas de vuelo. Siempre viajo ligero para traer más cosas de vuelta. Me esperaban en el aeropuerto, ‘usted es el duro de la mecánica’ me dijeron y entre señas y con el traductor del teléfono me batí en ese país. Si en Ecuador no me pierdo, qué me voy a perder aquí, me dije.

Después de pasar una semana en un hotel carísimo donde me alojaron, volví feliz. Soy perfil bajo y trato de llevar en corto mi triunfo. Mi historia no termina ahí, ¡el resto ya les contaré!

En el 2016 haré las paces con el planeta

Soy Jessey Cueva y empecé a cuidar la naturaleza desde que empezó la campaña del agua del Solidario. Antes no había esa conciencia de educar a los hijos al respecto. He leído sus artículos y publicaciones y ahí es cuando reaccioné ante la cruda realidad y pensé en la cantidad de agua que desperdiciaba, sobre todo en mi casa. Puedo decir que hoy por hoy, he reducido el gasto por lo menos a la mitad.
Antes solía ir los fines de semana con mis hijos en carro, bus o taxi, a un parque hermoso que queda a 20 minutos de mi casa; ahora nos vamos caminando y conversamos, nos reímos y jugamos. Los cambios también se reflejan en casa: tengo separados los desechos, ¡esto aprendí de mis hijos!
Ahora voy a limitarme bastante y no comprar alimentos artificiales, con colorantes o preservantes, y con envolturas de plástico; comprar lo menos posible de productos químicos de limpieza. Pero lo más importante y no solo por el bien de la naturaleza, sino por mi salud: dejar de fumar.
En el 2016 haré las paces con el planeta: mi aporte será dejar de utilizar por lo menos en un 50% lo que utilizo actualmente. ¿Te imaginas que por un día no usemos electricidad todas las personas? El mundo sería distinto inmediatamente…

Siempre motivo a mi familia para que hagan deporte

Soy Jessica Trocolli, goleadora de las Olimpiadas del Solidario en Guayaquil. Desde pequeña mi papá nos motivó mucho al deporte. Puede ser que a los 10 años comencé a jugar fútbol. Entreno dos veces a la semana y también practico entrenamiento Funcional en el gimnasio, todos los días al salir del trabajo. Las lesiones no me asustan porque cuando te gusta algo, no importa ningún dolor.

¡Meter un gol es lo máximo! Full adrenalina, te olvidas de todo en ese momento y lo disfrutas con todo el equipo. Yo soy hincha del Barcelona y me gusta ir al estadio a compartir con mi familia.

A las mujeres les cuento que hacer ejercicio es muy saludable ya que evitamos muchas enfermedades y estrés, tenemos más energía para nuestra rutina diaria y nos lleva a compartir con nuestros hijos y familia.
Quisiera seguir jugando fútbol hasta cuando Dios me dé fuerzas. Mi plan B es motivar a mis hijos y amigos para que hagan deporte.

El gol me llena de satisfacción

Soy Evelin Ortiz y empecé a jugar fútbol cuando todavía estaba en el colegio, hace 8 años. Entreno los fines de semana, 2 horas diarias.

Cuando meto un gol, vivo algunos sentimientos: emoción, alegría, satisfacción, no solamente por mí sino porque representa el trabajo y esfuerzo del equipo. El gol refleja el compromiso de cada una de las jugadoras en la cancha.

Voy al estadio cuando juega la Selección, para apoyar a mi país.

A todas las mujeres les invito a que practiquen algún deporte, el que más les guste, ya que el deporte es salud, y te llena de energía y vitalidad.

Me he lesionado algunas veces, sobre todo del pie goleador, pero nada muy grave. En el caso de sufrir una lesión que no me permita continuar jugando, mi plan B sería un deporte de menor impacto, en el que se exija menor esfuerzo físico.

El Ironman del Banco

Soy Carlos Izurieta, trabajo hace 12 años en el Solidario. Soy Técnico de Custodia.

Mis dos pasiones son el trabajo y el deporte. Desde que recuerdo me he preparado para el mayor reto de mi vida y ahora por fin lo voy a enfrentar: mi primer Ironman.

El camino hasta llegar allá ha sido maravilloso aunque difícil. Una de mis prácticas se realizó en Manta, en el Ironman 70.3 o sea la mitad del Ironman que voy a correr. Aprendí lo que debo comer, la ubicación del asiento de mi bici, el reducir el tiempo de transición…

Igual que en la vida, los pequeños detalles hacen la diferencia: un chocolate de desayuno, pese a que estoy acostumbrado, fue muy pesado para empezar a nadar!

Durante septiembre fui intensificando la carga hasta mediados de mes en que viajé a Cojimíes a hacer un “simulacro” de lo que sería el Ironman. Fuimos 7 de mi equipo y otros 7 nos acompañaron como equipo de abastecimiento y seguridad. Sin el soporte de amigos y entrenadores puede que lo logres, pero que alguien crea en ti es lo principal. El Solidario lo hizo y me auspició. ¡Gracias Banco Solidario!

Hoy viajo a Maryland y el sábado 3 de octubre corro el Ironman con una meta clara: mucha concentración y oración. Cuando tengo miedo me pongo a rezar. Me ayuda mucho. Me desconecto de mi cuerpo y sigo.

Todo bien por… LA LIBERTAD.

Somos un grupo de amigos y compañeros de trabajo en el Solidario. Vivimos en La Libertad, Santa Elena.

"Los fines de semana son a full se los dedicamos a la familia, vamos al cine, a Salinas o a Montañita. Algunos compañeros salen a caminar por la playa, y a hacer algo de bici. Van a competencias como el ironrunner o la 5K. En temporada jugamos ecuavolley en la playa. Como en todo el país, la bicicleta es una tendencia. Vamos por la ciclovía. Hay una nueva ruta en San Pablo. Uno de los grupos se llama Santa Elena Bike" nos comentaron.

En las noches. Vamos a la Chocolatera, al mirador. También al sector de la Lobería, ahí está la playa de la FAE.

Sitios nuevos en Salinas: Los Helechos y Guadúa. Un buen restaurante es Mariscos Azul.

Para la aventura. Existe la reserva Dos Mangas, que queda en el cruce del desvío de Manglaralto. Ahí se puede caminar, ir a caballo. Hay hosterías.

Meche dice que "cuando una es sedentaria, aparecen las enfermedades. Con deporte, los hijos se incentivan."

Los chicos de la Costa están en clases en esta época. Allí juegan softball y volley.

A la Península en esta época llegan 150.000 turistas, cuencanos sobre todo, lo cual no solo activa el comercio sino que transmite un ambiente de alegría y relajamiento. Es como una nueva ciudad dentro de otra.

"Me gusta mucho el trabajo que hago"

Mi nombre es María Edelina Alvear, tengo 59 años y el 11 de septiembre cumplí 9 de trabajo en el Solidario, 9 hermosos años llevándole cafécitos y alegría a todos.

Me gusta mucho el trabajo que hago, lo hago con esmero porque le gusta a la gente así. Me siento feliz cuando me dicen que les gustas lo que preparo.

También les cuento que soy muy orgullosa de mis raíces, desde que tengo uso de razón, visto así, hasta cuando viajo voy así con mi vestido tradicional de Zuleta y mis collares, que nosotros le decimos hualcas.

Siempre doy gracias a Dios que me ha dado valor, he tenido tropiezos, caigo y me levanto y así he sacado adelante a los míos. Tengo 3 hijos que son mi orgullo y la luz de mis ojos; los 3 ya están preparados, el mayor, Marco Vinicio, tiene su título en mecánica, la segunda, Jessica, está haciendo una tesis en Administración de empresas y mi Pamela, la menor, está estudiando Contabilidad en la Universidad Central.

Para el futuro, para mí, espero tener mi vejez tranquila y con salud; eso es lo que le pido a mi Dios, salud y que siempre guíe a mis hijos.
Un saludo a todos y sobre todo a mi familia del Banco Solidario.

"Que bonita es esta vida"

Hola con todos, soy Jorge Mora, DJ desde los 19 y colaborador del Solidario desde hace 17 años.

Mi día empieza a las 6 de la mañana, voy cantando "Qué bonita es esta vida" mientras llevo a una de mis pequeñas al bus escolar, luego leo la Biblia, me tomo una taza de café y listo!

Mi mamá me inculcó las ganas de superación y mi papá el respeto y la honestidad, por eso siempre doy mi mejor esfuerzo, porque sé que de eso dependen las 5 mujeres de mi vida. Así es que empecé en el Solidario como asesor de crédito y ese esfuerzo dio frutos el día que el Ingeniero Durán, me planteó un reto: dirigir la agencia Solidario Huancavilca, la primera en Guayaquil. Le prometí que en 6 meses cumpliría las metas propuestas, lo logré mucho antes y me gané el puesto!

Estoy muy agradecido de la vida, porque en la vida personal también he logrado grandes cosas, en mis tiempos libres me encanta pasar tiempo con mis 4 hijas y cuidar mis árboles y los del parque de mi barrio, es que, como siempre digo, hay que trabajar desde la trinchera de cada uno y hacer todo lo que esté a su alcance por los suyos y por los demás.

El Ironman del Banco

"Estoy entrenando duro, me levanto todos los días –excepto el lunes- a las 4:10am y empiezo a entrenar lo que me toque en la tabla hasta las 7 ó 7:30am, dependiendo de la carga" – dice Carlos con una sonrisa.

Al anochecer está cansado pero su jornada aún no ha terminado. Dos veces entre semana nada en el Colegio SEK.

¿Qué significa el Ironman completo?

Se puede decir que es como nadar el Lago San Pablo, ir en bicicleta hasta Latacunga y de ahí trotar hasta Ambato. Esa distancia recorrerá Carlos el 3 de octubre del 2015.

El Solidario le auspicia en esta gesta heroica, que solo hombres y mujeres de acero pueden culminar.

"Tengo un agradecimiento grande a Fidel y a la Institución porque reconocen el esfuerzo, dedicación y habilidad que se necesitan para llegar a algo así".

"Sé que con esfuerzo y ganas, todo se puede lograr"

Saludos a todos, mi nombre es Sandy Morán y sé que con esfuerzo y ganas, todo se puede lograr…les cuento mi historia. Hace 14 años entré a trabajar al Solidario atendiendo llamadas en el call center y aunque estaba feliz, sabía que podía estar mejor, así que me inscribí en la universidad y conseguí mi título en Ingeniería Comercial; poco tiempo después, vi los frutos de ese esfuerzo extra, esos cansados años de estudio y trabajo me abrieron las puertas al siguiente paso de mi carrera: el departamento de Negocios tarjetas, ahí empecé como ejecutiva y hoy puedo decir con orgullo que soy Jefe Regional del área. Al banco lo amo.

En mi vida personal, soy aún más afortunada, porque puedo vivir al máximo las tres grandes pasiones de mi vida: caminar, nadar y pasar tiempo con mi familia. Cada fin de semana, mis hermanos y yo nos juntamos con nuestros papás, cocinamos en familia y conversamos de todo un poco. A mis papás los admiro millón, ellos nos hicieron así, unidos y luchadores.

Mis planes para el futuro están en las aulas y en el asiento de un avión… quiero conocer ciudades hermosas como Londres y Venecia, y obtener una maestría. Es que uno aprende todo el tiempo y algún día, quisiera poner mi granito de arena desde un aula universitaria, compartiendo lo que he aprendido.

"Con el apoyo incondicional de mi familia y la bendición de Dios, todo es posible"

Les saluda William Túa y quiero agradecerles de antemano por prestarme unos minutos de su tiempo para compartirles mi historia. Estoy felizmente casado con el amor de mi vida y mi compañera: Mayra, y soy el orgulloso padre de dos jovencitas, la mayor tiene 12 y la menor,7 años. Ellas son mi motivo para vivir y dar siempre mi mejor esfuerzo.

A mi Mayra la conocí en la universidad, donde los dos estudiábamos medicina y aprendimos más sobre el amor. Al tercer año de la carrera, tuve que retirarme porque ya éramos una familia y uno de los dos tenía que trabajar para sostener el hogar.

Por suerte llegué al Solidario y estoy muy agradecido porque me enseñó mucho, me enseñó a trabajar bien. Mi primer cargo fue como cobrador y luego pasé a custodia de valores, pero puedo decir que en cada paso conocí gente hermosa e hice bastantes amigos y eso demuestra la calidad de la gente con la que trabajo.

Tiempo después, pude cumplir uno de mis sueños al regresar a las aulas para estudiar una carrera en tecnología de la información y comunicación. En esos años, mi día empezaba a las 5 de la mañana y terminaba pasadas las 8 de la noche, es que estudiar y trabajar al mismo tiempo es una prueba difícil, pero con el apoyo incondicional de mi familia y la bendición de Dios, todo es posible.

Hoy puedo mirar atrás y sentirme orgulloso de todo lo que he logrado, de lunes a viernes soy feliz en mi trabajo, tengo todo el fin de semana para disfrutar con mi familia y prepararles todos sus platos favoritos, sobre todo mi famoso arroz con puré y carne apanada! Además, con mucho esfuerzo y cariño logramos hacer realidad otro sueño: ya tenemos nuestra casita propia y dos carros!

Siempre he tenido la vocación de ayudar a los demás, hago las cosas para los otros como si fueran para mí mismo, y por suerte mi familia es igual… no hay nada más gratificante que visitar junto a ellos las fundaciones de niños o ancianitos y poder ver una sonrisa de esperanza en sus rostros.

Me despido con la frase que mueve mi vida en todo aspecto… si puedo hacerlo, lo hago y si no puedo, veo la forma de lograrlo!

"Me hace tan feliz ser parte de cientos de historias con finales felices"

Soy William Tenelema y me siento orgulloso de poder decir que amo mi trabajo porque me hace tan feliz ser parte de cientos de historias con finales felices, como la de Jaime y Magdalena Sislema, que hoy les quiero compartir desde Machachi.

A los señores Sislema los conocí hace unos nueve años cuando se acercaron al Solidario a pedirme que los ayude a conseguir la platita para pagar el arriendo de un terreno y para comprar unas vaquitas, porque querían seguir creciendo en su negocio de producción de leche. Su trabajo en el campo no es fácil, empiezan a las cinco de la mañana y terminan con la caída del sol, pero si hay algo que tienen Jaime y Magdalena es dedicación y esfuerzo, y eso les ha dado frutos.

Como les fue bien, hace seis años, los señores que les arrendaban les ofrecieron comprar el terreno; por eso me volvieron a buscar y como siempre, los ayudamos con gusto. Ahí también aprovecharon para arreglar la casita, imagínense, antes tenían que taparla con plástico y ahora tienen una casita que está hermosa.

Ser parte de esta y de muchas otras historias de esfuerzo me llena de emoción porque no hay cosa más linda en la vida que poder ayudar con mi trabajo, miren nomás, los Sislema empezaron con cuatro vaquitas en un terreno arrendado y ahora tienen tres hectáreas con veintitrés terneros, vacas lecheras y hasta cultivan habas y papas.

Qué más puedo pedirle a la vida.

"Seguiré luchando día a día con una sonrisa"

Yo con mis palabras les podría mentir, pero no me gusta, así que aquí les comparto mi historia tal y como es. Mi día empieza tempranito y a veces me despierto con un poco de frío porque mi esposa ya se ha levantado de la cama, pero un café y un beso suyo lo arreglan todo.

A mi amor, mi Emma, la conocí hace más de 40 años en el campo recogiendo agua de las vertientes naturales, como dice la canción tirándole piedritas a la quebrada. Me acerqué a ella y sin dudarlo, le dije "quisiera ser picaflor y tú clavel, para chupar lo dulce de tu boca" y saben qué respondió? "Déjeme pensarlo" pero yo tenía muy claro que esa era la mujer de mi vida así que mi última palabra fue que si es si, si y si es no, no. Y ya ven, ya tenemos tres hijos grandes a los que les di todo hasta lo mío, para que nunca les falte nada, y ellos a cambio me dieron mil alegrías y tres nietos maravillosos.

Empecé trabajando en la industrial textil tiñendo telas siete días a la semana, y así estuve durante 19 años, hasta que un día decidí que tenía que buscar nuevos rumbos y metí carpeta en el Solidario.

Yo le pongo gusto a la vida y en el trabajo nunca digo no, porque estoy agradecido de ser útil para mis compañeros y también para mi familia. Desde que empecé como mensajero he tenido tres maletas que son mis compañeras de trabajo y por eso les pongo nombre; la primera se llamaba Marta Julia, como la culebrita que escabulle por todos lados; la segunda era mi Valentina, porque siempre le coge el día; y la que tengo ahora es la Tomasa, bueno, porque es una maleta negra.

He aprendido que la vida no es solo que uno sea feliz, porque el que no nació para servir, no sirve para vivir. Yo empecé desde abajo y puedo decir que, aunque no tengo tierra ni en las uñas, soy un hombre rico. Mientras tenga salud, el amor de los míos y la compañía de mi Negra Tomasa, seguiré luchando día a día con una sonrisa.