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José Achiña, campesino convencido

“Cuando Tú estás presente hay un aroma de paz, de quietud, como una nube suave que nace de Ti y se extiende, queda, en el recinto que ocupamos. (…) Salimos quizás a la vida agitada y turbulenta, pero llevamos tu encanto en el corazón: ¡Tú vas con nosotros!”

Marco Vinicio Rueda. Gotas de Lluvia.

José Antonio Achiña tiene 6 hijos de 23, 20, 18, 16, 8 años y 8 meses de edad. Son tres mujeres y 3 varones. Este hombre de pocas palabras y grandes certezas comenta que fue mayordomo por años en la hacienda Galpón La Guitarra, hasta que consiguió un crédito para comprar 3 hectáreas de terreno cerca de la misma finca. Esto fue hace años pues es un cliente antiguo del Banco. Le dieron lo que ahora serían $12 000. En la actualidad cuenta con 12 vacas, algunas preñadas, otras en producción, y además apoya en la administración de la hacienda.

Caminamos en compañía de José y su hija Liliana de 8 años entre los altos pastos. Nos encontramos con las vacas de raza Holstein, todas en buena forma y salud. El ojo del amo engorda el ganado parece decir José mientras acaricia a cada vaca y ahuyenta a sus perros para que no las estorben, ya que el mínimo estrés en el ganado puede provocar un descenso en su producción de leche. “En el 2000 trabajaba en Ayora como floricultor, pero sentí que en el pueblo no había nada para crecer y que debía ir al campo pues allí hay plata… pero sabiendo trabajar. Y yo sé cómo hacerlo”. El ganadero asegura que sus hijos piensan en igual forma y que quieren tener su propia hacienda.

El asesor de José narra que su cliente es campeón de los hieleros de Cayambe. Sacó 225 lb de hielo del nevado en sus anchos hombros y llegó a la meta en 7 horas 15 minutos, con 183 lb. Ganó en las categorías de mejor peso y mayor velocidad o tiempo de llegada. Al preguntar al atleta si conoce sobre la extinción de los glaciares, señala que allí arriba hay hielo para largo y que ahora con la existencia de congeladores ya no se extrae tanto, excepto en las competencias.

Comienza a caer una llovizna que nos apresura a guarecernos bajo las chilcas y a trotar por el empedrado hacia el automóvil, pero José dice con tranquilidad: “es paso de nube, no va a llover”. En efecto, unos minutos más tarde escampa y podemos seguir respirando la paz que refleja el verde pasto de las faldas del nevado Cayambe.

Con voz firme concluye: “Yo soy campesino. Esa es mi realidad”.

JOSÉ ANTONIO ACHIÑA
HACIENDA GALPÓN LA GUITARRA
Tels.: 279 2172 09 525 4478

Gente Solidaria

Elicio Imbago

Elicio tiene dos hijos: Christian de nueve años y Abigaíl de dos. Empezó como asesor del Solidario en El Quinche y Cangagua, hace cuatro años, luego pasó a Cayambe. La mayoría de sus clientes son dueños de piscícolas y floricultoras. Es tecnólogo agropecuario, carrera muy útil en su trabajo pues comprende la necesidad del cliente y a medida que progresa su negocio propone el crédito. “No es un crédito a ciegas”, dice.

Elicio y su esposa tienen un terreno donde cultivan tomate de árbol, claudia, naranjilla, babaco, naranja y limón. Su sueño es lograr una granja integral.

Entre sus experiencias de trabajo, recuerda una: “En una inspección debíamos caminar un kilómetro. El cliente muy comedidamente me ofreció un caballo para que la travesía fuera más agradable. Antes de montar me preguntó si yo sabia cabalgar a lo cual respondí que no, con algo de picardía. El cliente se preocupó, y en el camino repetía cuidado se vaya a caer, cuidado se vaya a caer, luego al subir una pequeña zanja el cliente volvió a repetir: cuidado con el salto y usted se cae. De pronto escuché a mi espalda un ruido fuerte y al voltear, vi que el cliente iba rodando bajo su caballo. Nos reímos mientras decía ¡el que se cayó fui yo!” Recomiendo a mis clientes que siempre inviertan el préstamo en su empresa pues por más pequeños que sean los créditos, siempre llegan a engrandecer el negocio.

Con mis compañeros vemos la realidad del pueblo día a día, vemos la lucha constante del microempresario por salir adelante con su familia. A nosotros nos importa el cliente no sólo como tal sino como persona ya que al progresar, su negocio crece, su familia está estable, y así llegamos a tener una sociedad más justa. Eso me enorgullece y me hace distinto.

Ser solidario es unirme para llegar a un bien mancomunado. Al trabajar en Banco Solidario me uno a luchar contra la pobreza.