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Muhammad Yunus, el maestroMuhammad Yunus no es un orador gritón y gesticulador como los políticos a los que estamos acostumbrados. Su presencia es de paz, sus palabras son ricas en significado, en profundidad. Su semblante es el de Gandhi, de la Madre Teresa. Tranquilamente nos dice a los 10.000 participantes en el Coliseo Rumiñahui de Quito, que “es responsabilidad de cada uno sacar de la pobreza al pordiosero, al huérfano, a la familia pobre cercana a nosotros…” Y nos da la solución: un poco de dinero con carácter de préstamo, para que ese dólar lleve a otro y luego a otro… para que vayan produciendo y creciendo y puedan honrar esa deuda para luego prestar a otros. “La pobreza es artificial, el ser humano no nació para ser pobre, sino para tener en abundancia. Por eso la pobreza puede desaparecer, debe eliminarse.”“Nosotros no regalamos la plata, damos crédito.” No mucha gente entendió el mensaje. En los corredores del coliseo había grupos de jóvenes que se habían cansado de oirle al gurú de la economía solidaria. ¿Por qué no entran? Su respuesta era la misma: “Porque la traducción está muy lenta, porque ya le captamos al man, porque ya nos aburrimos.” Pero también porque no descubren la calidad del acontecimiento de tener un Premio Nobel de la Paz en casa, ni el tesoro que significan sus conceptos, sus enseñanzas. Así deben haber reaccionado algunos “necios” ante Jesús y sus exigencias; así es nuestra indiferencia ante el llamado de atención de la Madre Teresa… así fueron los bancos tradicionales que cerraron las puertas al 60% de la población ecuatoriana que necesitaba dinero y tenía que acudir al chulco. Hace 13 años nació el Banco Solidario basado en los conceptos de Muhammad Yunus. Sus fundadores fueron a atender una conferencia de este maestro y adaptaron su novedosa teoría económica a la realidad ecuatoriana. Ecuador no es Bangladesh, donde el número de pobres es de más de 30 millones. Tampoco tiene esos créditos blandos de organismos internacionales que ahora prácticamente son donación para que Yunus cumpla su misión. El Solidario recibe fondos, pero debe pagarlos a tasas convencionales. Su misión es dar acceso al microempresario luchador que con dinero y persistencia puede crecer. Las explicaciones y exigencias del maestro Yunus nos mueven otra vez el piso y nuestra perspectiva de banqueros solidarios se abre hacia otros terrenos: el de los mendigos, el de los campesinos marginados, el de los huérfanos y las mujeres jefas de hogar, el de la sostenibilidad del planeta… ¡Todavía tenemos tanto que hacer por Ecuador! La misión sigue para largo… La historia de los mendigos a medio tiempoMuhammad Yunus se dio cuenta de que los limosneros de las aldeas de su país pedían caridad de casa en casa. Entonces les propuso llevar algo para vender en sus visitas, -galletas, dulces, fruta- ya que igual iban a recorrer la aldea. Algunos lograban vender un poco y tenían que devolver una cantidad al banquero quien contagió este deseo de apoyo a todos sus colaboradores que son 14.000. Cada uno tenía hasta 4 mendigos a quienes prestar dinero voluntariamente.La tendencia de las nuevas funciones comerciales de los mendigos fue cambiando. Las amas de casa veían que el mendigo empezaba a ser productivo y le encargaban algún pedido para que lo trajera al día siguiente en su periplo cotidiano. Como los maridos se olvidan con frecuencia los encargos de sus esposas, los mendigos suplían esa tarea dando comodidad a las amas de casa. Poco a poco, se fueron convirtiendo en mendigos a medio tiempo, y mensajeros el otro medio tiempo. Decían: “Esta casa me necesita como mensajero, esta otra solo me dará caridad” y así escogían su mercado. El Banco de Yunus que calculó que lograría captar 3.000 a 4.000 clientes de este sector, ha logrado 150.000 clientes mendigos, de los cuales un 60% lo son a medio tiempo y el otro 40% ya se volvieron personas de negocios. ¿Cómo comenzó Yunus? Era un profesor de aula, de libro, no de vida real. Entonces decidió salir de sus cuatro paredes y llegó a las aldeas cercanas al campus universitario donde dictaba su cátedra. Preguntó a un grupo de mujeres que vendían muebles de bambú qué necesitaban para salir adelante y ellas le dijeron que necesitaban 27 dólares para comprar materia prima para elaborar sus artesanías. El dijo que les prestaba los 27 dólares con la condición de que le pagaran en un mes. Ellas no lo podían creer. Lo consideraron un angel caído del cielo. El estaba feliz por que se había elevado a la categoría de angel de forma muy económica, ¡solo costaba 27 dólares! Al final del mes ellas pagaron cumplidamente el préstamo. El gerente del banco sonrió y le dijo que estaba loco, que nadie prestaba a los pobres, que iba a perder su dinero y que debía regresar a sus clases. Tanto insistió Yunus, que para librarse de él, el gerente le prestó el dinero con la seguridad de que era “plata botada”. Pero Yunus volvió al final del mes a pagar la deuda y a pedir más. Esto se repitió muchas veces, siempre con la inconformidad del gerente. Entonces Yunus decidió abrir su propio banco: El Banco Rural o Grameen Bank. ¡¡Y ahora tiene 3 millones de clientes, de los cuales 90% son mujeres!! Otro paradigma roto: ¡¡prestar a las mujeres…!! En Bangladesh, las mujeres debían pedir la autorización de sus maridos si es que querían abrir una cuenta en un banco o sacar un crédito. Yunus decidió ofrecerles dinero a ellas porque vio que podían ser más responsables al momento de manejar las finanzas. Una mujer, en sus prioridades pone primero a los hijos, luego al marido, luego la casa y al final, si acaso, se pone ella. El hombre no. Su prioridad es él y solo él. Pero la cultura estaba tan arraigada a estas mujeres que cuando Yunus y sus colaboradores ingresaban a la aldea, ellas huían por el otro lado. Se negaban a aceptar su dinero. “hay que ser pacientes” dijo Yunus y poco a poco consiguió que algunas aceptaran el crédito e inspiraran a las otras. La paciencia, dice Yunus, es la clave para conseguir grandes frutos. |
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